Jorge Tellier me lo decía:

en la yema de las ramas siempre hay una promesa
y en la yema de los dedos
un saludo a los billetes.
en la niebla podría perderme cuantas veces quiera
y regresar desde años diferentes.


Estaba  en el espejo del Café Torres
Mirando el vaso,
Mirándose al espejo.
Estaba solo; con un pie en la barra
como velocista en la pista de ceniza.


en este mesón oscuro hay más funerales que un 1º de noviembre.
las flores del poema siempre son la cabecera dese moribundo.


No me hablaba a mí, si no al espejo.
A plena lluvia,
eran las cuatro de la tarde,
estaba con los ojos fijos, sin beber, de pie frente al mesón.
Tenía los pies tenues y empapados.


en la lluvia de hoy no vienen las huellas de las muertes.
de este vaso aún espero una respuesta.
no me acostumbro a ver llegar la tarde.
por eso bebo entre sus líneas.


Y yo le dije; cuando me atreví a hablarle.
No eres el único plagiario.
yo también alguna vez creí en eso.


Me despido de todo parroquiano
parado frente a un vaso de vino
como a un cáliz terminal.
me despido
de todo lo que dije


Eso dijo.
Santiago
1996.-


P.D.- (Espero vivir muchos años en otro oficio).

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