De ese árbol caído

De ese árbol caído
que fue mi incontenible nube de congoja cruzado en el camino;
tendré hoy en esas ramas
ya demasiados tajos
De los cuales
nadie dirá que ya es muy tarde para tanta ruina y sus pedazos
pues concurrirán sus tablas a mis pasos.
Entrando a mi espléndida ciudad con dentelladas
saludarán apenas esos cortes entre dientes
y con sonrisa prima hermana
me darán palmada y juramentos a pleno hachazo
Haré como que entiendo todos sus saludos y exabruptos
Daré mi paso atrás siempre subiendo
y diez disparos hacia las nubes batallando
apoyado siempre en la baranda
les diré adiós desde los nietos a sablazos.
Me olvidaré de ellos y me iré tan sanamente hasta allá arriba
que no me alcanzará su mordedura en esa empalizada
Habré llegado arriba y no volveré ni aunque lo lloren
la cabeza a esos despojos.
Será cordial todo mi saludo
desde arriba en la estacada
y despedida disparando

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